«Si cada uno dijera en un momento dado,
en sólo una palabra, lo que piensa,
las cinco letras del DESEO formarían una enorme cicatriz luminosa,
una constelación más antigua, más viva aún que las otras.
Y esa constelación sería como un ardiente sexo
en el profundo cuerpo de la noche…»
Nocturno de los ángeles. —Xavier Villaurrutia
Me interesa el deseo. El deseo como pulsión, como disfrute, como impulso, como anhelo, como construcción cultural, como síntoma, como vacío, como exceso. Desde este lugar se desarrolla mi práctica artística. Utilizo distintos medios —como la pintura, la ilustración, la escritura, la performance, la instalación, la cocina, el libro de artista— donde se manifiesta lo mismo: la necesidad de dar forma a lo que falta.
Una de las formas más insistentes en que el deseo se me aparece es a través de la comida. Las razones que me llevaron a estudiarla son incluso, a veces, desconocidas para mí misma. Llegué a la cocina sin saber exactamente por qué. Con el tiempo, comprendí que cocinar, comer y hablar de comida eran gestos que me permitían excavar en mi historia personal y colectiva, como una arqueología íntima, un desenterrar constante de capas que me constituyen, como el cuerpo y la memoria.
No me interesa prescribir cómo debe comerse, qué es lo más saludable, lo más sostenible, lo más elegante. Me interesa lo que comemos, por qué lo hacemos, cómo lo narramos y qué consecuencias tienen nuestras decisiones cotidianas sobre el mundo. Trabajo desde una incomodidad frente al desperdicio, la desigualdad, la exclusión. La comida, para mí, es un lenguaje político y emocional al mismo tiempo.
Esta búsqueda artística, profundamente subjetiva, se ha alimentado también de años de terapia psicoanalítica, que me han llevado a hacer lecturas diversas sobre mis propios deseos y emociones. Me interesa el disfrute, pero también su sombra: lo que se reprime, lo que se desecha, lo que se convierte en residuo; ese filo entre el placer y el exceso, entre lo que alimenta y lo que intoxica, entre lo que está servido y lo que está oculto.
Mis obras son formas de hacer visible lo que duele, lo que excita, lo que nutre, lo que escasea, lo que se comparte y lo que se esconde. Mi práctica es, en el fondo, una forma de sostener el deseo, ponerlo en tensión y explorar sus límites.
«If each person, at a given moment,
in just one word, said what they were thinking,
the five letters of DESIRE would form an enormous luminous scar,
a constellation older, more alive than the others.
And that constellation would be like a burning sex
in the deep body of the night…»
Nocturne of the Angels —Xavier Villaurrutia
I am interested in desire. Desire as drive, as pleasure, as impulse, as longing, as cultural construction, as symptom, as void, as excess. From this place, my artistic practice unfolds. I use different media —such as painting, illustration, writing, performance, installation, cooking, and artist books— where the same thing manifests: the need to give form to what is missing.
One of the most persistent ways in which desire appears to me is through food. The reasons that led me to study it are, at times, even unknown to myself. I came to cooking without knowing exactly why. Over time, I understood that cooking, eating, and speaking about food were gestures that allowed me to excavate my personal and collective history—an intimate archaeology, a constant unearthing of the layers that constitute me, like the body and memory.
I’m not interested in prescribing how one should eat, what is healthiest, most sustainable, or most refined. I care about what we eat, why we do so, how we narrate it, and what consequences our everyday decisions have on the world. I work from a place of discomfort in the face of waste, inequality, and exclusion. For me, food is a political and emotional language at once.
This deeply subjective artistic search has also been nourished by years of psychoanalytic therapy, which have led me to diverse readings of my own desires and emotions. I’m drawn to enjoyment, but also to its shadow: what is repressed, what is discarded, what turns into residue—that edge between pleasure and excess, between what nourishes and what intoxicates, between what is served and what remains hidden.
My works are ways of making visible what hurts, what excites, what nourishes, what is scarce, what is shared, and what is concealed. At its core, my practice is a way of holding desire, putting it into tension, and exploring its limits.
